In Memoriam: Gustavo Cerati

1) Alfredo Quintana escribe sobre su experiencia mexicana con Cerati y Soda:

Era 1987 y “Persiana americana” funcionaba cual himno a la masturbación para quienes andábamos como animalitos en celo, entre el arrimón y el consumo de porno suave.

2) Sol Prieto escribe para la Revista Panamá  “No hay nada peor que casa“:

Las religiones no aplacan ninguna de las tres cosas, no aplacan la incomprensión ni el dolor físico ni la muerte, pero las resuelven porque les dan un sentido. Como Té para tres para ese grupo de veinteañeros destruidos, como cada una de las canciones de Cerati que la gente subió a Facebook esta semana.

3) Los muchachos de 7boom recordaron, a través de 7 colaboradores, aquello que habían aprendido de Cerati:

Los Beatles nos dijeron que el amor es todo lo que necesitamos; Cerati nos hizo verlo como algo que nos hacer girar alrededor de, que nos hace conocernos a través de su consecuente dolor y sus intermitentes momentos de luz. Es un gran camino que atravesar, no la meta.

4) Un ensayo en Etiqueta Negra de Diego Osorno, del año 2012, para darle sentido al “Gracias Totales” del Último Concierto:

Tiempo después del show, Cerati, Zeta y Charly Alberti contarían que aquel gesto fue espontáneo, que nada se había planeado, que se dio porque debía darse, y ya. Quienes esperan ganar un concurso o una elección ensayan el agradecimiento frente al espejo, preparan el discurso en un papelito, memorizan la sonrisa, la pose, la caída de ojos. Pero ese día Soda Stereo no había afinado su gratitud junto con los instrumentos para el clímax del cierre. Aquella improvisación mínima —el recurso incontrolable de una explosión sináptica— resolvió nuestra incapacidad expresiva y nos mejoró los modales. El agradecimiento totalitario de Soda abolió cualquier búsqueda de elocuencia, pues después de la gratitud absoluta, nada más queda. Hasta esa noche, las gracias se servían en dos tamaños: simples «gracias» —secas, parcas, displicentes, justas, desgrasadas— y «muchas gracias» —amorosas, sobradas, excesivas pero nunca definitivas. Por eso las cinco sílabas que pronunció Cerati están hoy en los balbuceos de los futbolistas de todas las divisiones, al calce de algunos e-mails muy efusivos y en la prosa burocrática de las primeras páginas de libros, tesis y manuales donde físicos, politólogos e ingenieros escriben también «Gracias totales». Convertido en súbita e inesperada autoridad de la gratitud, el valor casi mítico de Cerati ha hecho que aquel agradecimiento sea en Latinoamérica una marca indeleble, un guiño generacional, un modo de decir que sabemos reconocer a los demás con todo lo que tenemos. Las gracias totales están ahora en todas partes, tal vez no siempre ubicuas, pero sí omnipresentes.

5) Roque Casciero se despide de Gustavo Cerati en Página/12:

La radio pega un tema de Gustavo Cerati con otro de Gustavo Cerati y no puedo menos que sentir alivio, porque el estado de confusión que produce la ausencia –definitiva, irredimible– no me dejaría elegir un modo privado de despedirlo. Y necesito decirle adiós, como tantos millones de personas a las que su música les mejoró la existencia. Por esa vez que entré de casualidad al gimnasio de los bomberos en Bariloche, en 1985, encontré sobre el escenario a tres tipos con raros peinados nuevos y me volaron la cabeza. O por escucharlo hablar con su hijo Benito después de ver Submarino amarillo. Por su rostro de asombro y disfrute en el show de Las Bandas Eternas de Spinetta. O por breves charlas, alguna nota, algún lugar compartido. Necesito decirle adiós en calma, aunque haya lagrimeado cuando finalmente la noticia dejó de ser escrita en potencial. Una locura, si lo pienso en frío: no era mi amigo, aunque lo cruzara bastante seguido, pero su música es parte de la banda sonora de mi vida, como de tantas, tantas vidas. Entonces suena la radio, igual que esa vez en que a Lalo Mir se le ocurrió poner por primera vez un demo de Soda en 9 PM.

6) Mr. Fratta escribió en Nexos su particular encuentro con Soda Stereo y cómo se quedaría a vivir en esas canciones para siempre, como varios de nosotros:

Puse a tono las luces, cebé un poco de yerba, –mate, yerba mate– dejé caer la aguja sobre el vinyl y me coloqué frente a las bocinas. No sé cuantas veces habré escuchado el disco esa noche, pero sí que esa primera vez, con la luz apagada, volé y volé por el nuevo sonido de Buenos Aires de la mano de Zeta, Alberti y, el que de inmediato vibré como digno heredero de la dinastía Spinetta–García; un Gustavo Cerati con una voz impecable que hacía con las palabras aún más estrellada esa noche y con su sonido, un mar que abrazaba y abrasaba a la vez. La música de Cerati no ha dejado, desde ese lejano 1985, de circular por mis venas; ha sido esa sustancia vital que en cada disco era más poderosa y adictiva.

7) Charly García, The Greatest, le rindió homenaje a su heredero, que se fue antes que él. “Cerati era un arquitecto de la música.

8) En La Nación, Pablo Plotkin, ex director de Rolling Stone Argentina, hace un breve repaso de la última década de Cerati: Un diario de viaje interior y premonitorio.

9) Alejandro Panfil, en Bon Sportant, realiza un viaje personal para encontrar las casualidades en los 4 años que iniciaron con el ACV de Gustavo en Caracas y terminaron con su muerte en Buenos Aires:

Salvo por un corto período en que vivió en Santiago de Chile, los argentinos siempre lo tuvimos entre nosotros. Muchos lo hemos visto varias veces y también hemos escuchado atentamente todos sus discos, pero su presencia la hemos tomado como algo normal, como que el sol sale y se esconde de un momento a otro. Ni siquiera nos llamó demasiado la atención que los Café Tacvba, quienes hoy le señalan el camino al resto de los rockeros del continente, hayan teloneado a un Cerati solista cuando presentó Bocanada en el estadio Obras.

10) Los tweets:

A propósito del homenaje del Subte de Buenos Aires:

Y otros que me gustaron porque hubiera querido escribirlos yo:

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14) 

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16) Y una canción:

Hasta siempre, Cerati. Gracias a vos.

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